Hay momentos en los que tras llegar al final de un camino que te lleva a ninguna parte, te arde la cabeza y se hiela el corazón. Piensas si los pasos recorridos fueron correctos, los sentimientos que has conocido en el viaje y el paisaje que tienes ante ti. En esos momentos es fácil caer en la tristeza y la autocompasión. Coge una piedra y lánzala con todas tus fuerzas en otra dirección y tendrás un nuevo camino ante ti, porque para ser feliz lo primero es ser valiente.
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